Al despertar en este día que nos abre a un descanso de fin de semana, nuestros sentimientos son de agradecimiento por el camino recorrido en esta semana. Con alegrías y algunas dificultades pero llenos de ti. Con satisfacciones y sueños por realizar, pero confiando en tu infinita bondad y misericordia. Gracias, Señor, porque en medio de nuestros miedos e incertidumbres, Tú nos llenas de confianza para no desesperar: «no tengáis miedo»... y esa palabra llena nuestros corazones de optimismo. Todos nuestros pensamientos los depositamos en tu corazón y nos llenamos de disponibilidad para responder a tu llamado. Toma la generosidad de nuestros corazones y envíanos a lo que quieres que hagamos.
«AQUÍ ESTOY, MÁNDAME». «Aquí estoy para hacer tu voluntad», aquí estoy para llevar esperanza y llenarme de tu amor. Gracias por tu bondad y misericordia.
Charles de Foucauld, nos enseña esta oración de confianza:
Padre, me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras, sea lo que sea, te doy las gracias.
Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal que tu voluntad se cumpla en mí, y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Padre. Te confío mi alma, te la doy con todo el amor de que soy capaz, porque te amo.
Y necesito darme, ponerme en tus manos sin medida, con una infinita confianza, porque Tú eres mi Padre.
En este día recordamos a Benito de Nursia (Nursia, cerca de la ciudad italiana de Spoleto, 480 – Montecasino, 547), conocido como San Benito, fundó la orden de los benedictinos y es considerado patrón de Europa y patriarca del monaquismo occidental. Benito escribió una Regla para sus monjes que fue llamada "La Santa Regla" y que ha sido inspiración para los reglamentos de muchas otras comunidades religiosas.
Después de haber recibido en Roma una adecuada formación, estudiando la retórica y la filosofía, se retiró de la ciudad a Enfide (la actual Affile), para dedicarse al estudio y practicar una vida de rigurosa disciplina ascética. No satisfecho de esa relativa soledad, a los 20 años se fue al monte Subiaco bajo la guía de un ermitaño y viviendo en una cueva.
Se levantaba a las dos de la madrugada a rezar los salmos. Pasaba horas rezando y meditando. Hacia también horas de trabajo manual, imitando a Jesucristo. Veía el trabajo como algo honroso.
San Benito predijo el día de su propia muerte, que ocurrió el 21 de marzo del 547, pocos días después de la muerte de su hermana, santa Escolástica.
Palabra del Papa
También nosotros, en la oración debemos ser capaces de llevar ante Dios nuestras fatigas, el sufrimiento de ciertas situaciones, de ciertas jornadas, el compromiso cotidiano de seguirlo, de ser cristianos, y también el peso del mal que vemos en y alrededor de nosotros, porque Él nos da esperanza, nos hace sentir su cercanía, nos da un poco de luz en el camino de la vida. […] Cada día en la oración del Padre Nuestro le pedimos al Señor: «Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo». Reconocemos, por ello, que hay una voluntad de Dios con nosotros y para nosotros, una voluntad de Dios en nuestras vidas, que debe convertirse cada día más en la referencia de nuestro querer y de nuestro ser; reconocemos entonces que es en el «cielo» donde se hace la voluntad de Dios y que la «tierra» se vuelve «cielo», lugar de la presencia del amor, de la bondad, de la verdad, de la belleza divina, solo si en ella se hace la voluntad de Dios (Benedicto XVI, 1 de febrero de 2012).
