Esta mañana, en la que se inicia nuestro descanso de fin de semana, es momento propicio para darte gracias por todo lo realizado en nuestras labores cotidianas.
Tu respuesta a la pregunta de Pedro respecto a la suerte del Discípulo amado: «Señor, y éste ¿qué?», tiene una respuesta sin equívocos: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú, sígueme». Cada uno de nosotros está llamado a seguirte y con un proyecto de vida propio. Lo importante es el seguimiento de cada uno y no el destino que les toca a los demás. Tú tienes la libertad de enviarnos y a cada uno dar una misión específica.
No somos nosotros los que tenemos derecho a decirte lo que debes hacer. Lo más importante es testimoniar, como el Discípulo amado, nuestra experiencia profunda de encuentro contigo, es sentirnos como él, verdaderos «discípulos amados». La presencia del Espíritu Santo, don prometido por Ti, es la certeza de ese amor. Ayúdanos a cumplir nuestra misión de amar y de servir y haz que la prolonguemos en nuestros hermanos con verdaderos sentimientos de unidad. Hoy en la espera gozosa de un nuevo Pentecostés en nuestras vidas, danos los dones y los frutos de tu Espíritu Santo, para que sigamos siendo testigos de tu amor.
Las palabras de los Papas
Este coloquio entre Jesús y Pedro contiene una enseñanza valiosa para todos los discípulos, para todos nosotros creyentes. (…) Empezando por la tentación —muy humana, sin duda, pero también muy insidiosa— de conservar nuestro protagonismo. Y a veces el protagonismo debe disminuir, debe abajarse, (…) Pero tendrás otra forma de expresarte, otra forma de participar en la familia, en la sociedad, en el grupo de los amigos. Y es la curiosidad que le viene a Pedro: “¿Y él?”, dice Pedro, viendo al discípulo amado que los seguía (cf. vv. 20-21). Meter la nariz en la vida de los otros. Pues, no. Jesús le dice: “¡Cállate!”. ¿Realmente tiene que estar en “mi” seguimiento? ¿Acaso debe ocupar “mi” espacio? ¿Será mi sucesor? Son preguntas que no sirven, que no ayudan. ¿Debe durar más que yo y tomar mi lugar? Y la respuesta de Jesús es franca e incluso áspera: «¿Qué te importa? Tú, sígueme» (v. 22). Como diciendo: cuida de tu vida, de tu situación actual y no metas la nariz en la vida de los otros. Tú sígueme. Esto sí, es importante: el seguimiento de Jesús, seguir a Jesús en la vida y en la muerte, en la salud y en la enfermedad, en la vida cuando es próspera con muchos éxitos y también en la vida difícil con tantos momentos duros de caída. Y cuando queremos meternos en la vida de los otros, Jesús responde: “¿A ti qué te importa? Tú sígueme”. Hermoso. (Francisco - Audiencia general, 22 de junio de 2022)
