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10-oct.-sábado de la 27.ª semana del T. O.

los enemigos de Jesús escuchaban la palabra de Jesús, pero estaban cerca de Él para encontrar un error, para hacerlo tropezar y hacerle perder autoridad

Es hermosa la vida si hay amor, es hermosa la vida si llevamos tu presencia y es hermosa la vida cuando te damos gracias. Hoy es un buen día para elevar nuestro corazón a Ti, para darte gracias y alabar tu Santo Nombre por todo lo que hemos recibido en esta semana.

Señor, Tú naciste en el Seno de la Bienaventurada Virgen María. Te alabamos por tu bondad; pero también te pedimos que tú sigas naciendo en nosotros por la fe, en nuestras vidas, en nuestras palabras, en nuestros pensamientos, en nuestras actitudes y en todo lo que hacemos. Y que, desde nuestra plenitud, sepamos compartirte con los que nos rodean, ya que tu perteneces a todos sin distinción. 

Hoy al seguir honrando a tu Madre, sentimos la alegría de saber que Ella nos sigue ayudando y protegiendo; que en La Madre celestial encontraremos el verdadero refugio en nuestras dificultades. Gracias por esta semana que terminamos, por el amor con que nos has mirado y la ternura que nos ha acompañado. Te pedimos que nos ayudes a recuperar nuestras fuerzas y sentir tu presencia en nuestras vidas y que tu Palabra crezca en nosotros día a día.

Que, juntamente contigo, podamos dominar nuestra autosuficiencia y aprendamos de ti a revivirlo en nuestros hermanos con gestos de amor: con una mano extendida, un gesto de compasión, una sonrisa de esperanza para los que viven en soledad y tristeza. Dichosos nosotros que escuchando tu Palabra y guardándola en nuestro corazón, a ejemplo de Nuestra Madre, la ponemos en práctica viviendo en caridad y solidaridad como tú nos enseñas. Amén. 

Feliz y anhelado descanso ojalá y como siempre decimos: «compartido en familia». 

PALABRA DEL PAPA

La palabra de Dios no es «una historieta» para leer, sino una enseñanza que hay que escuchar con el corazón y poner en práctica en la vida diaria. Un compromiso accesible a todos, porque, aunque «nosotros la hemos hecho algo difícil», la vida cristiana es «sencilla, sencilla». En efecto, «escuchar la palabra de Dios y ponerla en práctica» son las únicas dos «condiciones» que Jesús pide a quien quiere seguirlo. (…) Mientras que escuchar la palabra de Dios «es leer» y preguntarse: «¿Qué dice esto a mi corazón? ¿Qué me está diciendo Dios con esta palabra»? En efecto, sólo así «nuestra vida cambia». Y esto se produce «cada vez que abrimos el Evangelio y leemos un pasaje y nos preguntamos: “¿Dios me habla con esto, me dice algo a mí? Y si me dice algo, ¿qué me dice?”». Esto significa «escuchar la palabra de Dios, escucharla con los oídos y escucharla con el corazón, abrir el corazón a la palabra de Dios». Al contrario, «los enemigos de Jesús escuchaban la palabra de Jesús, pero estaban cerca de Él para encontrar un error, para hacerlo tropezar» y hacerle perder «autoridad. Pero no se preguntaban nunca: “¿Qué me dice Dios a mí con esta palabra?”». «Dios no sólo habla a todos, sino también a cada uno de nosotros. El Evangelio se escribió para cada uno de nosotros. (…) El Señor, «siembra siempre su palabra», y a cambio «pide solamente un corazón abierto para escucharla y buena voluntad para ponerla en práctica. Por eso, entonces, que la oración de hoy sea la del salmo: «Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos», es decir, por la senda de tu palabra, para que aprenda con tu guía a ponerla en práctica. (Francisco - Homilía Santa Marta, 23 de septiembre de 2014)

«Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos», es decir, por la senda de tu palabra
ORACIÓN 

Señor, te pido que me envíes el Espíritu Santo siempre que me acerco a tu Palabra. Hay frases del Evangelio que sólo las puedo entender si el Espíritu Santo me las enseña. Como las que aparecen en la lectura de hoy. Es un enigma para mí la respuesta de Jesús a esa buena mujer del pueblo. Pero sé que es otro el sentido profundo de esas palabras. Gracias, Señor, porque el Espíritu Santo nos lleva a la verdad completa. Amén. 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-10-de-octubre-de-2026 

No cabe duda de que escuchar estas palabras del evangelio crea en nosotros una especie de desazón al comprobar que Jesús apenas hace caso del elogio de una mujer a María, su madre. […] Hace unos días, al comentar la escena de Marta y María, veíamos la importancia de que esta última estuviera escuchando la Palabra de Dios. Era como abrir el horizonte de toda mujer al mundo del espíritu, al mundo de la cultura y, sobre todo, al mundo de la Biblia, al mundo de Dios. 

Si Jesús no puede tolerar el reduccionismo al que está sometida la mujer en su tiempo “cocina-hijos”, mucho menos puede reducir a su propia madre a una función meramente biológica: “vientre y pechos”. Su madre es eso y muchísimo más. María es la «oyente de la Palabra de Dios», la que se ha fiado plenamente de esa Palabra; es más, la que ha encarnado en sus entrañas a la Segunda persona de la Santísima Trinidad, la misma Palabra, el Verbo.  ¡Ésa es su grandeza! Por otra parte, María ha “conservado en su corazón esa Palabra”, la ha rumiado, la ha asimilado, la ha hecho vida. María, en las bodas de Caná, dice «Haced lo que Él os diga». Con estas palabras María nos envía al Evangelio a todos los que acudimos a Ella. María vivió en esta vida las cosas más grandes y sublimes, fue elegida predilecta de Dios en todo momento y el amor de Dios invadía su persona y, por tanto, su vida. Y María no hace otra cosa sino decirnos lo que Ella siempre ha hecho.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.