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11-oct.-domingo de la 28.ª semana del T. O.

A Jesús no le estorba nadie y menos los pobres que andan por las veredas del mundo con ropas viejas y sandalias cubiertas del polvo de los caminos.

Qué agradable despertar, Señor, y sentir la brisa mañanera que nos anuncia un día dedicado a ti. Gracias por este descanso de nuestro prolongado fin de semana para pedirte Señor que ojalá lo podamos compartir como verdadera familia, viviendo unidos y en armonía, pero ante todo en tu grata compañía. Nuestro camino ha sido provechoso, tanto en actividades en los que hemos procurado hacer el bien hacia los demás viviendo en amor y servicio desinteresado. 

Ahora, Señor, nos colocamos en tus manos y te pedimos que tu Espíritu nos ilumine para comprender tu palabra y cuál es el cumplimiento de tu santa voluntad y cómo lo hemos de realizar. Hoy san Pablo nos regala otra lección de verdadera confianza y fe en tu palabra porque hoy nos invita a saber vivir según tú querer y el del Padre celestial: «sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy entrenado para todo: a la hartura y al hambre, a la abundancia y a la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta». Qué hermosas palabras las que nos da el apóstol para saber que, al confiar en ti y comprender la riqueza que llevamos en el corazón, todo lo llevamos adelante; cuando tenemos salud, cuando tenemos una familia y todo lo necesario para vivir una vida en humildad y sencillez, sabiendo que el tesoro más grande está en nuestro corazón, porque tú habitas en él. 

Ayúdanos, Señor, a comprender por encima de todo que tú eres lo primero en nuestras vidas y que estas invitaciones como tú las haces en este día no es para presentarte excusas sino una disponibilidad completa, y lo más importante es que estemos vestidos para toda ocasión, especialmente cuando tú nos llamas a la fiesta de la vida. Nuestro traje es el de la humildad, la sencillez, La fraternidad y la solidaridad, así podremos entrar al banquete al que nos estás invitando. Te damos gracias, Señor, por este día de descanso. 

Ahora concluimos nuestra reflexión con esas preguntas: ¿Qué lugar ocupa Dios en mi vida? ¿Cómo estoy respondiendo a la invitación que me haces? ¿Qué excusas, «negocios» o preocupaciones cotidianas me hacen rechazar o posponer hoy tu invitación? ¿Cómo acojo tu gracia?

Feliz y descansado domingo. 

PALABRA DEL PAPA 

El Papa León XIV dijo que «incluso quienes no han recibido todavía el Evangelio están, de alguna manera, orientados al pueblo de Dios y la Iglesia, cooperando a la misión de Cristo, está llamada a difundir el Evangelio en todas partes y a todos, para que cada uno pueda entrar en contacto con Cristo». (Roma 11 de marzo 2026) 

A Jesús no le estorba nadie y menos los pobres que andan por las veredas del mundo con ropas viejas y sandalias cubiertas del polvo de los caminos.

quienes no han recibido todavía el Evangelio están, de alguna manera, orientados al pueblo de Dios y la Iglesia
ORACIÓN 

Señor Jesús, gracias por invitarme a participar de tu Reino y por llamarme con amor, una y otra vez. Perdóname cuando dejo que las preocupaciones y las distracciones me alejen de Ti.

Ayúdame a responder con un corazón dispuesto y a revestir mi vida de bondad, humildad, paciencia y misericordia. Que mis palabras y acciones sean reflejo de tu amor, y que también pueda llevar tu invitación de esperanza a quienes más lo necesitan. Amén.

REFLEXIÓN https://www.iglesiaenaragon.com/domingo-28-tiempo-ordinario-11-de-octubre-de-2026

1.– Jesús invita a todos a la fiesta.  El Reino de Dios se parece a unas bodas. Y en las bodas hay alegría, música y baile. El primer escrito del papa Francisco nos habla de la “Alegría del evangelio”. Jesús, en sus parábolas más importantes nos habla de “un tesoro” (lo más valioso) y una perla (lo más precioso); de una pesca abundante; de un Pastor que encuentra a su oveja; de un padre de familia que saca del arca el vestido de fiesta.  El Evangelio está lleno de expresiones que nos conducen a la idea de Fiesta, de Abundancia, de Vida plena. Y es un tema esencial en la espiritualidad cristiana y en la presencia de la Iglesia en el mundo. Servir a Dios es reinar “vivir como un rey».  A los tres años de vida pública de Jesús bien pueden considerarse como la gran fiesta de la vida. En estos años ocurren cosas como éstas: el agua se convierte en vino (Jn 2, 1-12), las redes se llenan de peces (Jn 21, 6), los cojos comienzan a saltar (Lc 7, 22), los leprosos quedan limpios (Lc 17,10-20), lo ciegos recobran la vista (Lc 20, 29 s), los mudos recuperan el habla (Mc 1, 35 s), los sordos el oído (Lc 7, 22 s). Y hasta los muertos resucitan (Lc 7, 11-16; Jn 11, 1-44). Uno se pregunta: ¿Qué son los milagros de Jesús sino una consagración del mundo a la alegría y a la fiesta? ¿Qué son los milagros de Jesús sino la reivindicación de los hombres y mujeres de este mundo al derecho a ser felices?

2.– Un banquete de bodas y un regalo inaudito. En nuestra liturgia, siempre hay una estrecha relación entre el evangelio y la primera lectura. Y no es extraño pensar que Jesús, al proclamar esta parábola, tuviera presente a Isaías 25. Aquí se nos habla de «platos sustanciosos y vinos de solera». Es una manera de expresar la abundancia y la calidad de la comida y la bebida en esa fiesta familiar. Y no olvidemos que se trata no de una boda cualquiera sino la boda del hijo del rey. Naturalmente que ese Rey es Dios y ese Hijo es Jesús para nosotros. Por eso hay un precioso detalle que hay que tener en cuenta: el inaudito regalo del rey a los invitados: «Romperá el velo que cubre a las naciones» ¿De qué velo se trata? Del velo del luto. «Aniquilará la muerte para siempre». En la invitación a una boda tan importante, el Rey debe impedir aquello que “frustra todas las alegrías” y nos incapacita para una fiesta auténtica. Estas palabras de Isaías se cumplen en la Resurrección de Jesús. Sin destruir la muerte no puede el hombre ser feliz. La muerte es el aguafiestas de todas nuestras alegrías. Esto es más importante recordar en los tiempos que vivimos de increencia.  La muerte no es el final. Dios Padre nos espera para que nos sentemos en su mesa y seamos siempre felices.

3.- ¿Qué significa ese que no lleva vestido de bodas? El Concilio Vaticano II en la maravillosa Constitución sobre la Divina Revelación, nos habla de las etapas en la formación de los evangelios: la de Jesús histórico, la de los discípulos y la de los evangelistas. Aunque todo es palabra inspirada, puede haber palabras de los evangelistas que no correspondan exactamente a las que dijo Jesús. Y eso parece que ha ocurrido aquí. Si el dueño manda a los criados a salir a los campos y los caminos, lo normal es que vengan a la boda con sus ropas sucias y sus sandalias llenas de polvo. ¿O sale alguien a trabajar al campo vestido de traje y corbata? Pero el evangelista Mateo está preocupado porque en su comunidad se está enfriando la caridad y quiere impedir que entre gente floja y superficial. Era muy fácil entrar a formar parte de la comunidad y aprovechar todas las ventajas, incluso sociales que eso importaba, pero sin cambiar las actitudes y vivir de manera acorde con el evangelio. Nada más fácil que confesarse creyente, pero nada más difícil que entrar en la dinámica del verdadero cristianismo.  Son intenciones muy laudables del evangelista, pero no estaban en la parábola de Jesús. La parábola de Jesús terminaba como aparece en Lucas 14, 23: «La casa se llenó de comensales». «Los cruces de los caminos» son una referencia simbólica a donde se encuentran quienes proceden de distintas naciones y culturas. Los profetas habían anunciado el alcance universal de las promesas de Dios más allá de las fronteras de Israel: al «banquete de manjares exquisitos y vino generoso» son invitados todos los pueblos, como dice en la primera lectura la Palabra de Dios a través del profeta Isaías (25, 6-10).

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.