“Alegre la mañana que nos habla de ti…, Bendita la mañana que trae la noticia de tu presencia joven en gloria y poderío, la serena certeza conque el día nos anuncia que el sepulcro de Cristo está vacío”.
En esta hermosa mañana recordamos tu muerte y resurrección. Muriendo destruiste la muerte para nosotros, resucitando a una nueva vida has afirmado nuestra propia vida. Por eso, ahora nos invitas a rechazar de nuevo todo lo que va contra la Alianza de amor y, como lo hicimos en el bautismo, a prometer vivir conforme a tu ley de servicio, bondad y amor.
Permítenos correr a anunciar a nuestros hermanos que la vida tiene sentido y que la muerte ha sido vencida. Danos la gracia para que vivamos tu presencia en nuestras vidas y éste será nuestro testimonio.
En estos días sobran las palabras, es tiempo de alegría. Proclamemos con gozo Y en las mismas palabras del Ángel: «no está aquí, ha resucitado». Que podamos, al igual que las mujeres, ir a nuestros hermanos en la alegría de nuestro corazón para proclamar tu resurrección, Señor. Gracias por darnos la ocasión de vivir este momento de alegría y decir desde el corazón: "hemos sido reconciliados por el Resucitado". Hemos resucitado contigo y nos has dado un corazón para amar y servir.
Felices pascuas de resurrección.
Meditación del papa Francisco
La mañana de Pascua, advertidos por las mujeres, Pedro y Juan corrieron al sepulcro y lo encontraron abierto y vacío. Entonces, se acercaron y se “inclinaron” para entrar en la tumba. Para entrar en el misterio hay que “inclinarse”, abajarse. Solo quien se abaja comprende la glorificación de Jesús y puede seguirlo en su camino.
El mundo propone imponerse a toda costa, competir, hacerse valer... Pero los cristianos, por la gracia de Cristo muerto y resucitado, son los brotes de otra humanidad, en la cual tratamos de vivir al servicio de los demás, de no ser altivos, sino disponibles y respetuosos.
Pidamos paz y libertad para tantos hombres y mujeres sometidos a nuevas y antiguas formas de esclavitud por parte de personas y organizaciones criminales. Paz y libertad para las víctimas de los traficantes de droga, muchas veces aliados con los poderes que deberían defender la paz y la armonía en la familia humana. E imploremos la paz para este mundo sometido a los traficantes de armas que ganan con la sangre de los hombres y las mujeres.
Y que, a los marginados, los presos, los pobres y los emigrantes, tan a menudo rechazados, maltratados y desechados; a los enfermos y los que sufren; a los niños, especialmente aquellos sometidos a la violencia; a cuantos hoy están de luto; y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, llegue la voz consoladora del Señor Jesús: «Paz a vosotros». “No temáis, he resucitado y siempre estaré́ con vosotros”. (Homilía de S.S. Francisco, 5 de abril de 2015).
ORACIÓN
Resucitó el Señor, y vive en la palabra de aquel que lucha y muere gritando la verdad Resucitó el Señor, y vive en el empeño de todos los que empuñan las armas de la paz. Resucitó el Señor, y está en la fortaleza del triste que se alegra y del pobre que da pan. Resucitó el Señor, y vive en la esperanza del hombre que camina creyendo en los demás. Resucitó el Señor, y vive en cada paso del hombre que se acerca sembrando libertad. Resucitó el Señor, y vive en el que muere surcando los peligros que acechan a la paz. (Cardenal Pironio).
REFLEXIÓN https://www.iglesiaenaragon.com/domingo-de-pascua-6-de-abril-de-2026
En la Primitiva Comunidad fue necesaria la fe en la Resurrección. Sin experiencia pascual no se podía concebir un cristiano. Y ahora tampoco. Pero los caminos pueden ser distintos. Y en este relato se nos manifiesta que hay tres personajes: La Magdalena, Pedro y Juan y, sin embargo, cada uno va a tener acceso al encuentro con Cristo Resucitado de una manera diferente.
1.– María Magdalena se encuentra con Jesús a través de “su corazón apasionado”. María busca el cadáver de Jesús. Ya que no puede verle, ni oírle, ni besar sus pies, se conforma con tener su cadáver para perfumarle. Esa precaria y fugaz presencia le servirá para paliar ese gran dolor que le produce el vacío de una “sentida y contumaz ausencia”. María Magdalena derrocha amor a Jesús por todos los poros de su ser, pero le falta fe. Está desfasada. Se ha quedado con el Cristo histórico y no ha dado el paso al Cristo de la fe. La aparición de” aquel hortelano” en el jardín no le basta. Aquellos interrogantes ¿A quién buscas? ¿Por qué lloras? todavía le ahondan más su dolor. Sólo cuando la llama por su nombre y en una exclamación le dice
¡MARIA! cae en la cuenta de que es Jesús el que la llama. Cuando una persona está enamorada, sólo el nombrar a la persona amada, le emociona, le estremece y no le deja hablar. Y, como no tiene palabras, la respuesta es otra exclamación: “RABONI”. María Magdalena nos ha abierto un camino para encontrarnos con Jesús– Resucitado: “El camino del corazón”. San Juan nos dirá:” Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque nos amamos” (1Jn.3,14).
2.– Pedro necesita apariciones para llegar a la fe.
El texto nos dice que entró en el sepulcro, vio las vendas y el sudario, pero no dice que “creyera”. De hecho, Jesús tuvo la delicadeza de aparecerse a él solo en el lago de Tiberiades. Era normal que, para superar el impacto de haber visto a Cristo muerto en una Cruz, fuera necesario que Cristo se les hiciera presente a través de las Apariciones. Nos lo recuerda el mismo Pablo: “Se apareció a Jacobo, luego a todos los apóstoles, y al último de todos, como a uno nacido fuera de tiempo, se me apareció también a mí (1Cor. 15-7-8).
3.– Juan se encuentra con Jesús sin necesidad de apariciones. Nos lo dice el texto de hoy: «Entró, vio, y creyó”. Se puede llegar a la fe sin necesidad de apariciones. Y ésta es, a mi juicio, la manera que llegó María, la Madre de Jesús, al encuentro con su Hijo Resucitado. El evangelio no nos dice que Jesús se le apareció a su madre. Tampoco vemos a la madre de Jesús acompañar a las mujeres al sepulcro a embalsamar el cadáver de su Hijo. Cristo resucita el primero en el corazón de su madre. No tiene apariciones porque no las necesita. María, “la creyente” fue la única que esperaba la Resurrección. Y en aquel apagón de la fe al morir Jesús, la única lámpara encendida fue la de María, su Madre. A través de la Palabra de Dios, profundizada por el Espíritu Santo, tenemos un acceso a la fe del Resucitado. Sin necesidad de apariciones, con la Palabra de Dios, en la fe desnuda, nos podemos encontrar con el Resucitado. Y podemos hacer nuestra la bienaventuranza de Jesús a Tomás “Dichosos los que, sin ver, creyeren” (Jn.20,29).
El Papa León XIV ha invitado a los fieles a mirar la muerte con la confianza que brota de la Pascua. El Papa ha concluido que «gracias al Resucitado, podemos llamarla “hermana”, como san Francisco. La esperanza de la resurrección nos libera del miedo a desaparecer y nos prepara para la alegría de la vida sin fin». (10-Didiembre-2025
PREGUNTAS
1.- ¿He tenido alguna experiencia de haberme encontrado con una persona con la que me sentía muy lejos y, al perdonarnos y abrazarnos, he experimentado un gozo especial?
2.- ¿Soy de las personas que necesitan ver para creer?
3.- ¿He tenido momentos en la vida en que no he dudado de que Jesús estaba dentro de mí? ¿En la lectura de la Palabra? ¿En la Eucaristía? ¿En el encuentro con los hermanos?
