Alegre y bendecida mañana nos regalas, Señor, para seguir siendo testigos de tu resurrección. Iniciamos una semana de rutina en nuestras labores diarias, pero sigue siendo semana de fiesta en nuestros corazones porque seguimos siendo testigos en alegría y esperanza de tu resurrección.
Ayúdanos, Señor, a que en este tiempo —con ocasión de la Pascua y mediante nuestras actitudes, nuestras labores y nuestras palabras— sigamos proclamando que tú estás vivo en medio de nosotros, que tú resucitaste para darnos nueva vida y que estamos llenos de esperanza de fe y de caridad. Permite que nuestro corazón esté contento y se regocije, ya que nos sentimos seguros en nuestra fe porque seguimos teniendo en qué creer. Sigue mostrándonos el verdadero camino de la vida para que vivamos en la alegría de tu presencia y danos la gracia de seguir siendo tus testigos, de forma que podamos proclamar con nuestra vida entera que eres Nuestro Señor, glorioso y resucitado. Amén.
Un día muy feliz y próspera y bendecida semana. Ánimo y que todos nuestros anhelos y proyectos serán bendecidos por el Señor en la presencia de María, nuestra Madre.
Las palabras de los Papas
Según la Ley judía de ese tiempo, las mujeres y los niños no podían dar un testimonio fiable, creíble. En los Evangelios, en cambio, las mujeres tienen un papel primario, fundamental. Aquí podemos identificar un elemento a favor de la historicidad de la Resurrección: si hubiera sido un hecho inventado, en el contexto de aquel tiempo no habría estado vinculado al testimonio de las mujeres. Los evangelistas en cambio narran sencillamente lo sucedido: las mujeres son las primeras testigos. Esto dice que Dios no elige según los criterios humanos: los primeros testigos del nacimiento de Jesús son los pastores, gente sencilla y humilde; las primeras testigos de la Resurrección son las mujeres. Y esto es bello. Y esto es en cierto sentido la misión de las mujeres: de las madres, de las mujeres. Dar testimonio a los hijos, a los nietos, de que Jesús está vivo, es el viviente, ha resucitado. Madres y mujeres, ¡adelante con este testimonio! Para Dios cuenta el corazón, lo abiertos que estamos a Él, si somos como niños que confían. Pero esto nos hace reflexionar también sobre cómo las mujeres, en la Iglesia y en el camino de fe, han tenido y tienen también hoy un papel especial en abrir las puertas al Señor, seguirle y comunicar su Rostro, porque la mirada de fe siempre necesita de la mirada sencilla y profunda del amor. (Francisco - Audiencia general, 3 de abril de 2013)
ORACIÓN
Señor, como hombre, debo reconocer con humildad, el papel tan importante que jugaron las mujeres en la Resurrección. Y también debemos reconocer el papel fundamental en el momento de la crucifixión. Ellas fueron las que te acompañaron en el Calvario; ellas te lloraron y envolvieron tu cuerpo muerto con el perfume de su cariño. Haz, Señor, que las mujeres ocupen en la Iglesia el lugar que tú, Jesús, les quisiste dar. Amén.
Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-6-de-abril-de-2026
Es notorio el papel que las mujeres desempeñan en la Resurrección de Jesús. A ellas se les apareció en primer lugar y fueron las primeras que dieron al mundo esta gran noticia (Jn 20,11; Mt 28,9; Mc. 16,9). Como era natural, los discípulos no les dieron crédito puesto que, por ley judía, el testimonio femenino carecía de valor. Jesús busca deliberadamente el conflicto: la mujer, considerada como un ser de segunda clase, es incorporada por Jesús a dar el mensaje más nuclear del evangelio: la Resurrección. “Mujer” fue la primera palabra que pronunció Jesús Resucitado. (Jn 20,15); y el primer nombre que brotó de sus labios fue también un nombre de mujer: María. Fueron unos ojos de mujer quienes recogieron la primera imagen del Cristo nuevo y fueron unas manos de mujer quienes primero tocaron la carne resucitada del nuevo Adán: «Ellas se acercaron a abrazar sus pies» (Mt 28,9).
