Señor, en este segundo día de nuestro tiempo de Cuaresma, tiempo de reconciliación, de conversión y de cambio, te damos gracias por el día que nos regalas. Haz que nuestras obras sean, según tu querer, obras de amor, de conversión y de generosidad.
Ayúdanos a comprender que no es fácil el camino porque implica sacrificios. Tú nos lo recuerdas hoy: «el que quiera seguirme que tome su cruz y me siga». Queremos tomar la cruz, pero no una cruz de agobio ni de sentimientos negativos, sino una cruz de anhelos y esperanzas. Que sea la del sacrificio en el amor, la sinceridad y la entrega generosa a nuestros hermanos, porque sabemos que el verdadero camino de conversión pasa muchas veces por el dolor, pero al final encontramos la alegría al recibirnos el Padre celestial a esa nueva vida, la vida del hombre nuevo en amor y esperanza. Concédenos elegir el mejor camino, como lo señalas en el Deuteronomio: la vida y el bien, la bendición. Bendícenos, guárdanos y protégenos. Presérvanos de todo mal y concédenos la gracia de tu presencia. Permítenos caminar en sendas de esperanza, donde siempre estará presente la llama de la fe que no se apaga. Amén.
Un muy feliz y seguro jueves vocacional en las manos del Señor.
Las palabras de los Papas
Jesús mismo (…) indica el camino del verdadero discípulo, mostrando dos actitudes. La primera es «renunciar a sí mismos», (…) La otra actitud es la de tomar la cruz. No se trata solo de soportar con paciencia las tribulaciones cotidianas, sino de llevar con fe y responsabilidad esa parte de cansancio, esa parte de sufrimiento que la lucha contra el mal conlleva. La vida de los cristianos es siempre una lucha. La Biblia dice que la vida del creyente es una milicia: luchar contra el espíritu malo, luchar contra el mal. Así el compromiso de “tomar la cruz” se convierte en participación con Cristo en la salvación del mundo. Pensando en esto, hagamos que la cruz colgada en la pared de casa, o esa pequeña que llevamos al cuello, sea signo de nuestro deseo de unirnos a Cristo en el servir con amor a los hermanos, especialmente a los más pequeños y frágiles. La cruz es signo santo del Amor de Dios, es signo del Sacrificio de Jesús, y no debe ser reducida a objeto supersticioso o joya ornamental. Cada vez que fijemos la mirada en la imagen de Cristo crucificado, pensemos que Él, como verdadero Siervo del Señor, ha cumplido su misión dando la vida, derramando su sangre para la remisión de los pecados. (Francisco - Ángelus, 30 de agosto de 2020)
ORACIÓN
Señor, siempre que me asomo a este evangelio de Lucas, la cruz se me hace más llevadera. Es verdad que hay que tomar la cruz. No puede haber cristianismo sin cruz. Pero en este evangelio de Lucas, esa cruz a la que tú te refieres no es esa Cruz tuya tan pesada, sino la cruz de cada día. Dame tu gracia para cargar con ella, sin olvidar tu promesa: «resucitaré al tercer día». Es verdad que no hay Resurrección sin cruz, pero no es menos verdad que no hay cruz que no termine en Resurrección. Haz, Señor, que la luz de la Pascua ilumine mi camino en esta Cuaresma. Amén.
