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21-feb.-2026, sábado después de ceniza

El espíritu del mundo está siempre buscando novedades, pero solo la fidelidad de Jesús es capaz de la verdadera novedad , de hacernos hombres nuevos, de recrearnos

Agradecidos por todo lo que hemos podido vivir en esta semana, nos ponemos en tus manos, para seguir haciendo tu voluntad. Y ante todo gracias por llamarnos a ser tus discípulos. 

Tú no has venido a llamar a la conversión a los justos, sino a los pecadores. Gracias, Señor, porque en tu llamado te fijas en los corazones y no en lo exterior. No nos llamas por ser santos, sino porque conoces nuestras debilidades y fortalezas. Tu llamada a los primeros discípulos fue dirigida a gente sencilla y pobre; la curación del leproso, sin miedo a la impureza legal; el perdón de los pecados y la sanación del paralítico: todo esto nos revela Tu rostro misericordioso y bondadoso. Nos muestras tu libertad para elegir a los que quieres y que es una libertad que viene del amor. Señor, cuando nos llamas al arrepentimiento, tú quieres que nos volvamos hacia nuestros hermanos y que construyamos verdaderos lazos de fraternidad y solidaridad entre todos. Que lleguemos a ser luz para los que viven en tinieblas, agua para los sedientos, constructores de esperanza y felicidad para todos. Que seamos, signos de tu amor y de tu bondad. En este fin de semana nos colocamos en tus manos y te pedimos que sigas siendo nuestro guía y luz para amar y servir, pero ante todo para hacer tu voluntad. Amén. 

Un muy feliz y santo fin de semana compartido en familia.

Meditación del Papa Francisco

El amor de Dios recrea todo, es decir, hace nuevas todas las cosas. Reconocer los propios límites, las propias debilidades, es la puerta que abre al perdón de Jesús, a su amor que puede renovarnos en lo profundo, que puede recrearnos.
La salvación puede entrar en el corazón cuando nosotros nos abrimos a la verdad y reconocemos nuestras equivocaciones, nuestros pecados; entonces hacemos experiencia, esa bella experiencia de Aquel que ha venido, no para los sanos, sino para los enfermos, no para los justos, sino para los pecadores. Experimentamos su paciencia —¡tiene mucha!—, su ternura, su voluntad de salvar a todos. Y ¿cuál es la señal? La señal es que nos hemos vuelto ‘nuevos’ y hemos sido transformados por el amor de Dios. Es el saberse despojar de las vestiduras desgastadas y viejas de los rencores y de las enemistades, para vestir la túnica limpia de la mansedumbre, de la benevolencia, del servicio a los demás, de la paz del corazón, propia de los hijos de Dios. El espíritu del mundo está siempre buscando novedades, pero solo la fidelidad de Jesús es capaz de la verdadera novedad, de hacernos hombres nuevos, de recrearnos. (Homilía de S.S. Francisco, 21 de junio de 2015).

ORACIÓN

Jesús mío, gracias por acercarte a mí, que tantas veces te fallo; abre mi corazón y llénalo de tu amor. Que en esta cuaresma haga la experiencia de tu amor, que te llevó a cargar la cruz por mí. Que tu sangre, me mueva a amarte más, a ponerte en el centro de mi vida. Y que cada día responda un "sí" generoso a seguir tu voluntad. Amén.

Reflexión 

La cuaresma es un tiempo precioso, para enderezar nuestra vida hacia Dios. Todos de alguna u otra manera le hemos negado algo a Dios. El tiempo de cuaresma nos ayuda a responder con alegría y prontitud, como Mateo, a la llamada a la santidad que Dios nos hace. La santidad, es algo que Dios quiere para todos, no sólo los consagrados a Él deben ser santos. Dios sigue invitando cada día a responder generosamente a su llamado de amarle sobre todas las cosas. Aprovechemos este tiempo, para enfocar nuestra vida hacia Él, tomándonos de su mano misericordiosa.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.