Los viernes de Cuaresma siempre tienen una connotación especial, no sólo por el carácter penitencial que se acentúa en este día, y por las prácticas propias de este tiempo: el ayuno, la oración y la limosna. Tú nos invitas, Señor, a contemplar tu Pasión, con la práctica del Viacrucis, pero teniendo en cuenta lo que nos dice el profeta Isaías, de no caer en las debilidades de una negativa religiosidad. Isaías condena un ayuno falso que esconde situaciones de injusticia. No permitas que nos contentemos con las prácticas externas y anestesiemos nuestro corazón ante la soledad, la desesperanza y la tristeza que viven nuestros hermanos hoy. Ayúdanos para que nuestro culto no sea vacío y vaya acompañado de solidaridad, fraternidad y servicio.
«Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos». Que estas palabras sean nuestra fortaleza para que nuestro camino sea de fe, esperanza y caridad. Nuestro viernes sea de abstinencia de palabras que hieran o de actitudes negativas que ofendan y más bien sean palabras de consuelo y actitudes de misericordia. A Ti te Bendecimos, te alabamos y glorificamos y te damos gracias, Señor. Bendícenos y guárdanos en tu amor. Amén.
PALABRA DEL PAPA
Mientras Jesús se encontraba a la mesa en casa de Leví, el publicano, los fariseos y los seguidores de Juan Bautista le preguntaron por qué sus discípulos no ayunaban como ellos. Jesús les respondió que los invitados a la boda no pueden ayunar mientras el novio está con ellos; ya ayunarán cuando se lleven al novio (cf. Mc 2, 18-20). Al decir esto, Cristo revela su identidad de Mesías, Novio de Israel, que vino para la boda con su pueblo. Los que lo reconocen y lo acogen con fe están de fiesta. Pero deberá ser rechazado y asesinado precisamente por los suyos: en aquel momento, durante su pasión y muerte, llegará la hora del luto y del ayuno. (…) la Cuaresma (…) en su conjunto, constituye un gran memorial de la pasión del Señor, en preparación para la Pascua de Resurrección. Durante este período no se canta el Aleluya, y se nos invita a practicar formas oportunas de renuncia penitencial. El tiempo de Cuaresma no se afronta con un espíritu "viejo", como si fuese un quehacer pesado y fastidioso, sino con el espíritu nuevo de quien ha encontrado en Jesús y en su misterio pascual el sentido de la vida, y comprende que ahora todo debe referirse a él. (Papa Benedicto XVI, Ángelus, 26 de febrero de 2006)
ORACIÓN
Gracias, Señor, porque hoy me haces comprender tus palabras sobre ayunar cuando nos sea quitado el Esposo. Hazme entender que el ayuno no es tristeza estéril, sino deseo ardiente de tu presencia; no es vacío sin sentido, sino espacio abierto para que Tú lo llenes. Permite que esta pequeña renuncia de este día sea una declaración silenciosa de amor, una espera vigilante de tu amor en la cruz. Amén. (Qriswell Quero,
Reflexión (cf. Orden de los Carmelitas)
El evangelio de hoy es una versión abreviada del evangelio que ya meditamos en enero, donde se nos proponía el mismo asunto del ayuno (Mc 2,18-22), pero con una pequeña diferencia. La liturgia de hoy omite todo lo relativo al remiendo nuevo en trapo viejo y sobre el vino nuevo en pellejos viejos (Mt 9,16-17), y concentra su atención en el ayuno.
• Jesús no insiste en la práctica del ayuno. El ayuno es una costumbre muy antigua, practicada en casi todas las religiones. Jesús mismo lo practicó durante cuarenta días (Mt 4,2). Pero él no insiste con los discípulos para que hagan lo mismo. Les deja libertad. Por esto, los discípulos de Juan Bautista y de los fariseos, que eran obligados a ayudar, quieren saber por qué Jesús no insiste en el ayuno.
• En cuanto al novio, cuando está con ellos no precisan ayunar. Jesús responde con una comparación. En cuanto el novio está con los amigos del novio, esto es, durante la fiesta de bodas, no precisan ayunar. Jesús se considera el novio. Los discípulos son los amigos del novio. Durante el tiempo en que él, Jesús, está con los discípulos, hay fiesta de bodas. Llegará el día en que el novio no estará. En ese tiempo, si ellos quieren, podrán ayunar. En esta frase Jesús alude a su muerte. Sabe y siente que, si continúa por este camino de libertad, las autoridades religiosas querrán matarlo.
Preguntémonos:
¿Es mi ayuno fuente de santificación o sólo lo hago por tradición para cumplir con los preceptos del tiempo litúrgico? ¿Quebranta mi corazón?
¿Estoy consciente del paso del Señor en mi vida?
¿Al escuchar la voz del Señor, doy respuesta y cómo lo hago?
¿Cómo es mi ayuno?
¿Por qué y para qué ayuno?
